EL TIEMPO SE MARCHO

 

   El tiempo se marchó y me ha dejado aquí en este lugar etéreo, donde ahora ya no siento el viento que antes acariciaba mi cuerpo,  donde el mar ya no se agita, las olas se marcharon, donde las aves han abandonado el cielo, las estrellas apagaron su luz, el sol no calienta, ya no existen las flores que reian con la luz de sus rayos. Todo aqui es oscuro ahora que el tiempo se fue, nos dejo sin dar explicación, le recuerdo con nostálgia ahora que no tengo que correr por su culpa, que pierdo el tren...que llego tarde al trabajo, a la cita.

Pasas muy rápido y te llevas mi vida de prisa.

Antes, recuerdo los días se hacian largos y las noches cortas, luego las noches largas y el día corto, como extraño tu presencia...Me he quedado solo y sin  el tiempo, ¿quien me controla ahora?. Los dolores también se han ido con el, el cabrón se lo llevó todo, lo bueno y lo malo.

Ahora soy volatil me desplazo sin barreras, sin sueños ni preocupaciones.

El tiempo se llevo esa vida que rigió siempre desde la sombra, me hizo nacer, me hizo feliz, me hizo crecer, me hizo vivir.

Se que volverá y estaré esperando a renacer junto a él una vez más y agradecere su presencia que da el existír, aunque luego tenga que volver a morir. 

 

 

 

   LA IGLESIA DE MI PUEBLO

 

 La vieja y querida iglesia de nuestro pueblo que data del siglo XVII, se esta desmoronando poco a poco, ¡por culpa de los chinos!, dice bromeando un anciano vecino, claro, porque ahora que no hay textil, las ovejas del rebaño del señor han desaparecido junto con el trabajo.

La broma era sin embargo uno de los principales motivos del paulatino deterioro y abandono del querido pueblo. El textil como principal actividad económica y sustento de sus habitantes estaba casi desaparecido, los jovenes en busca de un mejor futuro, emigraban a las ciudades.

El pequeño parque ubicado a un costado de la iglesia, que sirvió por tantos años como punto de encuentro para todos sus vecinos, los pequeños de entonces, ahora ausentes, la petanca de los mayores, las reuniones de mujeres que se intercambiaban noticias acerca de las intimidades de sus vecinos. Todo ese bullicio que daba vida al pueblo y en especial a esos viejos muros de piedra, sufren hoy un silencio sepulcrál que llora por los viejos tiempos.

 La vieja canaleta descolgada, el zócalo de la monumental puerta de madera macisa se pudré lentamente, suelta un lastimero llanto silencioso que implora al viandante un poco de atención para recompensar en parte, los años y siglos en que sirvío fielmente a sus creyentes. Cuantas alegrias por matrimonio bendecidos, bautizos para mostrar el buen camino a los recién llegados, tantas lagrimas para despedir a los que partían al cielo, cuantas suplicas encierra su memoria y cuantos pecados mudos fueron exonerados. Refugio de indigentes, hogar, acogedor hogar para el creyente, lugar que permitió contar abiertamente todas las faltas más inconfesables con la seguridad que nos otorga el silencio de la fé.

 Rigoberto un próspero comerciante de una ciudad vecina, nació y se crió en este pueblo, su padre aun viven aqui, por lo que sus visitas son periódicas. En uno de sus paseos dominicales a traves de esas calles tan conocidas por todos, pasaron frente a la iglesia como tantas veces lo hacían, solo que en esta ocación, Rigoberto quiso entrar en ella, alli donde fue bautizado, alli se caso con la madre de sus hijos, alli tambíen se despidió de su madre.

Se quedaron unos minutos mirando las paredes que un día albergaron grandes cuadros y figuras religiosas, hoy desaparecidas. Ahora esas piedras lloran por las heridas del tiempo y el abandono.

 Unos meses despues de aquella visita, la iglesia comenzo a ser reformada, con el compromiso de todos los vecinos para cooperar en el cuidado de su mantención, fuesen o no creyentes.

RELATOS BREVES

 

                                  Yo conmigo mismo

 

  Según las mezclas quimicas que subyacen bajo mi piel viajando por el torrente sanguíneo, ofreciendo el cóctel que transporta, a cada baso, a cada órgano, a cada rincón de mi cuerpo.

Según esa química cerebral puedo necesitar emociones variadas, distintas, que suban o que bajen o mejor aún que suban y bajen.

Lugares tranquilos inundados de paz transitados por vientos sanadores que barren las nubes de mis oscuras perturbaciones, devolviendo el azul limpio y transparente que deja ver nítidamente las nuevas ilusiones.

Puedo necesitar otras veces, en ocaciones de baja, volver a las perturbaciones crueles para infringirme heridas de vicios que disfruto momentáneamente, para luego aborrecerlos, maldecirlos y sepultarlos bajo metros de desprecio y sellado con grandes rocas de remordimiento.

Viendo luego lo que escribo, me parece es otro quien lo hace, es aquel que cultivé en mi interior en tiempos de juventúd, aquel que se enraizó en mis estancias biserales, un rebelde sin causa por esencia, un loco reprimido. Un yo que no quiere ser el mismo yo que yo quiero ser, o un yo que no quiere ser yo, siendo yo mismo. ¡En definitiva!, un yo que no logro dominar para ser solo uno.

Entonces a veces logro volver a lo que considero verdaderamente mio, a la paz y el viento...

Este ciclo es mi vida, con dos caras, la mia y la otra... también mia. Círculo a partes vicioso a partes virtuoso, que espero detenerlo en estos días, para que el y yo seamos solo yo.


               EL  FRAILE  DE  SANT LLORENÇ

 

 

Una fria mañana de un día del señor del año 985, el joven fraile Joan, caminaba por los alrededores de la ermita de Sant Llorenç del munt, ubicada en la cima de "La Mola" a mil cien metros de altitúd. Joan salia todas las mañanas muy temprano, se encaminaba siempre hacia el mismo sitio, una quebrada que bajaba junto al costado sur de la montaña, tenia veinticuatro años era un joven agil y con una gran astucia para moverse libremente entre bosques de encinas y pinares.

Su abuela en sus ultimos dias de vida decidió entregarlo a los frailes para que cuidasen de él, fue criado por sus hermanos religiosos que trataban por todos los medios de domesticar su espíritu rebelde y aventurero, la dura diciplina religiosa no se podía ajustar a su ritmo de vida, amaba a Jesus y procuraba cumplir con sus normas, pero la naturaleza junto a sus amigos los animales del bosque eran el lugar preferido para sus oraciones.

En la quebrada escondia su propio altar, una pequeña cueva que descubrió cuando apenas tenía doce años de edad, nadie más la conocia, la entrada estaba estrategicamente ubicada entre dos grandes rocas de granito separads por unas gruesas ramas colgantes que parecian troncos, quien iva a pensar que con solo mover esas ramas, se abría con ellas un mundo paleo-religioso construido por Joan. Cientos de velas alrededor de toda la cueva formaban bellas figuras de cera sobre las paredes rocosas, caprichos de la providencia.

Cuando Joan salía de la cueva para volver junto a sus hermanos, escucho a lo lejos unos afligidos gritos de súplica y otros en un idioma raro que no entendía, sables y espadas chillaban junto a gritos salvajes. Cuando llegó sigiloso a la cima, se quedo mirando de lejos ...el horror se le echo encima al ver los cuerpos decapitados de sus ocho hermanos. Un gran hombre empuñaba su espada al cielo, mientras los que le rodeaban gritaban ¡ALMANZUR!